Este reloj firtual fue creado por un grupo de científicos, después de la Segunda Guerra Mundial en 1947 ante el inminente nacimiento del peligro atómico.
En aquellos momentos el reloj quedó fijado en una hora imaginaria a siete minutos del fin del mundo.
El grupo de científicos permanece, hasta el día de hoy, actualizando el reloj dependiendo de la evolución nuclear en el planeta.
En 1947, con la primera explosión nuclear de Rusia, quedamos a tres minutos del fin.
En 1951 con las pruebas nucleares de Rusia y Estados Unidos quedamos a dos minutos.
En 1963, con la firma de acuerdos antinucleares, subió a 12 minutos.
1984 lo situó de nuevo a tres minutos y 1991 lo elevó a 17 cuando se firmó el tratado de la desnuclearización.
El reloj sigue fluctuando dependiendo de los riesgos que acercan al planeta a su destrucción.
Últimamente, los encargados del reloj han decidido agregar nuevos factores que pueden llevarnos a acortar el tiempo que le queda de vida a nuestro querido (despreciado) planeta tierra.
La biología sintética y la genética son dos de ellos, pero, el más importante ha sido la polución ambiental, la emisión de gases contaminantes. (Pique en la siguiente dirección si quiere ver un gráfico interactivo sobre este último http://www.elpais.com)
Hoy por hoy el reloj nos dice que estamos a cinco minutos del final.


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