Bajo un punto de vista práctico, podemos asegurar que, nos guste o no nos guste, las culturas actuales, en todos los países, tienden hacia una globalización.
En España, durante los años 60, era imposible creer que el gobierno podría cerrar los bares a las 3 de la mañana.
La fecha de llegada a ese punto de destino, globalizado, es totalmente impredecible, pero como otro ejemplo, podemos hoy día contemplar a una Inglaterra debatiéndose en medio de los últimos estertores de su anti-europeismo.
No cabe la menor duda que la coyuntura histórica chilena entre los años 60 y 90 filtra la mentalidad chilena y su proyección, pero lo interesante, a mi modo de ver, es cómo va a salir el país de la ola generada por la onda social surgida como consecuencia de este filtraje.
En general todos los países que se quieran incorporar al mundo globalizado solamente pueden llevarlo a cabo por medio de pulsaciones.
Algo así como cuando uno quiere sacar el polvo del mantel: lo toma por una punta y lo sacude; este movimiento lanza una onda que hace saltar el polvo.
En la globalización a que nos referimos, ese polvo no es la cultura en sí, sino los anclajes culturales que le impiden el avance. (No considero “avance” como palabra positiva ni negativa, sino inevitable)
Chile fue un país en el que, por su poca población y su enorme concentración de riqueza (por no decir pobrísima distribución de riqueza), estas pulsaciones siempre se han notado mucho más que en otros.
Una de las pulsaciones más conocidas es la de la llegada a presidencia del país de Salvador Allende.
Otra fue la de la Dictadura Militar.
En los últimos tiempos con las alzas del cobre las olitas son más controlables.
En Estados Unidos se pueden ver venir las depresiones económicas. En Chile te chocas con ellas sin que te des cuenta.
El chileno está acostumbrado a estos choques y reacciona de una manera que engaña al extranjero. Para la mayoría de los chilenos no existen los malos tiempos, o, al menos, no le hacen perder la paciencia. Está obligado a ser positivo. “Don’t let them see your sweat” como decía un comercial de un desodorante americano, probablemente tomado de una realidad chilena.
De esta manera se olvidó decir: no.
Pero, ¿de dónde viene toda esta forma de ser del chileno?
Es mi creencia que es por ese punto por dónde debemos empezar.
Todos los pueblos, antes de comenzar a cultivar una identidad deben desarrollar un entramado base, cimientos, dónde construirla y, una vez terminada esta, ese edificio es lo que llamamos cultura.
Las culturas, como los edificios, por su tamaño son visibles a cierta distancia; y la realidad es que esas distancias hoy día son cada vez menores.
Pero mi interés radica en el entramado sobre el que se construye la identidad nacional.
En el caso de Chile, esa identidad proviene de España, por un lado y por el otro, por los pueblos autóctonos, diaguitas, pikunche, mapuche, etc.
No puedo hablar mucho sobre la identidad de los pueblos autóctonos pues los desconozco, pero puedo detectar características que no pertenecen a la identidad hispana y también les puedo hablar de lo que no me enseñaron acerca de la historia de España con objeto de que lo pongan en conjunto lo que ustedes han estudiado y logremos sacar un extracto que vamos a utilizar para analizar el abono y la simiente que se sembró en este entramado de la identidad chilena.
En primer lugar tratemos de ver, quizá de una manera poco ortodoxa, ya que mi manera de ver las cosas tiene como consecuencia la observación de los autores a través de mi vida.
OTRA BREVE HISTORIA DE ESPAÑA
La península ibérica fue habitada, en primer lugar, por migraciones provenientes del norte de África, dónde los más osados lograron traspasar el estrecho en pequeñas embarcaciones. Los primeros asentamientos hablan del sur de la península, Sevilla, Cádiz, etc.
Más tarde, con los avances tecnológicos, empezaron a llegar por el mar en el Este de la península. Al principio las naves no eran muy buenas y tenían que ir bordeando la costa. Por eso los primeros asentamientos griegos se encuentran en la zona de Cataluña.
Luego llegaron los romanos y ahí comienza otra historia.
En esta primera parte me interesa identificar a los que van a construir el entramado de la identidad ibera.
El foco de cultura, hace unos 6000 años atrás, se encontraba por Mesopotamia.
En aquellas culturas existían dos tipos de pueblos: los sedentarios y los trashumantes.
Estos últimos recorrían todos los caminos que podían y si no los había los construían.
Eran gentes pacíficas que vivían del comercio, principalmente animales domésticos, se asentaban siempre cerca de las ciudades. No se mezclaban fácilmente y generalmente eran conflictivos con los otros pueblos. Fueron uno de los primeros pueblos en conocer el hierro.
Algunos los han identificado con el nombre de habiru o hapirú.
En sus andanzas recorrían todas las tierras y sus historias son sólo conocidas cuando están relacionadas con otros pueblos.
Pues bien este pueblo siempre buscaba los extremos en sus andanzas y probablemente fueron de los primeros que cruzaron el estrecho hacia la península ibérica.
Una vez en ella se dedicaron a recorrerla siempre por el lado más lejano, es decir, Portugal o Lusitania, llegando hasta el norte, es decir lo que hoy día se conoce como Galicia.
Como la tierra se les hacía chica, este pueblo emigró luego hacia las islas británicas y llegaron a conquistar y asentarse en lo que hoy es Irlanda (Hibernia, extraño parecido con la palabra Iberia) y finalmente pasaron al territorio de Escocia.
Para indicar alguna veracidad en lo que digo: Portugal siempre ha considerado a Galicia como tierra irredenta, sus dialectos son parecidos, y si bien sus afinaciones son diferentes, Galicia, Irlanda y Escocia tocan la misma gaita.
En su paso por la península estos habirus se convirtieron en sedentarios y sus primeros lugares de asentamiento fueron pueblos que hasta hoy se consideran “malditos” dentro de la península pues son totalmente diferentes al resto, entre ellos se encuentran los hurdanos extremeños, maragatos de León, los Vaqueiros asturianos y los Agotes vascos. Todos con conocimientos del manejo del hierro.
¿Quiénes eran estos habirús?
Bien, pues parece ser que son la rama principal de la que descienden los hebreos modernos.
Poco a poco la península se va poblando y, en cada parte de su geografía, se van forjando culturas locales; esto continúa hasta la llegada de los Romanos.
Si bien las libertades democráticas de los romanos homogenizan la vida de la península, focos de rebeldía cultural lucen por todos lados; no obstante todos acaban hablando la misma lengua.
La cultura latina domina la península pero el entramado original sigue siendo el mismo. Un entramado rebelde. Iberia siempre se identificó más con Cartago que con Roma por muchos Trajanos y Sénecas que diera al imperio.
Al principio del siglo V se presenta una nueva pulsación dentro de la historia de la península con la invasión de los pueblos bárbaros. Estos vencieron la batalla geográfica pero claudicaron ante la cultural.
Poco tiempo duró la tranquilidad en la península bárbara puesto que culturas parecidas a la de los habirus, procedentes del norte de Africa, deciden conquistar la península Ibérica.
¿Qué herencia dejan los pueblos bárbaros en la península?
En primer lugar terminan, en poco tiempo, con el legado romano permitiendo renacer las culturas locales, no obstante, con objeto de ejercer su control, apoyan la lengua latina como lengua oficial de comunicación entre todos los pueblos conquistados. Por otro lado constituyeron reinos que, ante el empuje musulmán, se afincaron en el norte de la península y cuya misión fue detener el avance de los Árabes hacia Europa.
De esta manera la península queda divida en tres partes que hasta hoy día se pueden claramente diferenciar: Un norte constituido por reinos verticales (de norte a sur), un sur dominado por los Árabes y un centro o tierra de nadie donde se llevaban a cabo las batallas de moros y cristianos.
Los Árabes se asientan en la península y hacen del sur su patria por casi 800 años.
En este tiempo, el entramado cultural árabe hace su asiento y florece en ciudades tales como Córdoba, Granada y Sevilla.
Los más célebres poetas, filósofos, ingenieros, cartógrafos y hasta médicos se asientan en sus universidades, las mejores universidades del mundo.
Los destellos de esa cultura deslumbran hasta hoy día.
Y en medio de ese cultivo de saber aparece un nuevo actor. Un actor que nunca ha desaparecido del escenario, pero su carácter intelectual y comerciante le ha hecho pasar desapercibido en un mundo de violencias.
Ahora es su oportunidad de brillar esta vez en medio de una elite intelectual.
Y nos damos cuenta que él nunca ha desaparecido sino que ha estado mezclado y en medio de todos los acontecimientos de la península, desde que sus antepasados cruzaron el estrecho.
Por todas las ciudades de reconquista, Extremadura, Castilla la Nueva y Valencia, casi todos los pueblos antiguos tienen un barrio y un cementerio judío.
En la ciudad de Plasencia en Extremadura, ciudad fundada en año 1100, a poco tiempo de su fundación, el Concejo decide tener dos alcaldes, uno cristiano y otro judío, debido a la gran cantidad de personas de esta raza que en la ciudad habitaban.
El judío español o judío sefardita (sefar = España en ladino) entra en la historia como raza, puesto que como forjador de la identidad de los habitantes de la península fue uno de sus principales actores desde su fundación.
El sefardita se pasea por todo el territorio tanto árabe como cristiano como dueño de su casa. Díscolo y controversial, como siempre sus antepasados fueron, pero influyente y presencial en todos los acontecimientos históricos.
Y así transcurren los años hasta aquel día de 1492 en que Boabdil es arrojado de su palacio y expulsado de la tierra que fue la patria de sus antepasados por casi 800 años.
Esta sacudida de mantel trae una ola que va a llegar más allá de las columnas de
Hércules.
Entra en escena otro maltratado por la historia Cristóbal Colón.
Cualquiera que haya leído su “Libro de las Profecías” se puede dar cuenta que era un judío cristiano (mesiánico) un concepto no muy entendible hoy día, con altos conocimientos del Antiguo Testamento, muy educado en las ciencias de la astronomía, cartografía, y conocedor de filósofos y teólogos de la antigüedad.
Malamente un hijo de cardador de Génova.
Por donde pasa Colom, su senda se muestra rodeada de hebreos. Cuando digo hebreo no quiero decir de religión sino de origen, como por ejemplo era el confesor de la Reina Católica, Hernando de Talavera.
Estos conceptos son difíciles de entender en el mundo moderno puesto que la historia, o mejor, los que la escribieron, se han encargado de ocultarlos.
Los Reyes Católicos, en su celo de formar una identidad nacional, deciden por una y única identidad política bajo su reinado y, según ellos, esto no se puede lograr sin una y exclusiva identidad religiosa.
Por tanto no importa el origen racial; si quieres ser español (fíjense que es la primera vez que utilizo esta palabra como patronímico ya que hasta este momento no había existido), tienes que ser cristiano.
Si como está demostrado históricamente, la aventura de Colom fue financiada por judíos conversos, ¿no puede ser esta también considerada una aventura de judíos?
Los Reyes Católicos fijaron la expulsión de los judíos para el día 31 de julio de 1492.
Las carabelas tenían programada la salida el 3 de agosto del mismo año.
Por razones desconocidas, la reina prorroga la salida de los judíos expulsados de la península por 48 horas.
Justo una hora antes de que se cumpla esta orden, Cristóbal Colom hace subir a sus hombres a bordo de las tres carabelas, dónde pasan la noche y zarpan en la mañana hacia su archiconocido viaje.
¿Coincidencias?
Puede ser, pero lo único que pretendo establecer es la influencia del hebreo dentro de la cultura de los habitantes de la península ibérica, y no de los españoles que en aquella época ni siquiera existían.
Bajo una unidad de identidad nacional y cultural, los que descubren América no son más que un grupo de idealistas, con su propia cultura, que no tiene nada que ver con la del resto de los pueblos que formaban la península y que por aquellos tiempos empezarían a llamarse españoles.
Acto seguido es precisamente Extremadura (en tierra de reconquista) la que envía a toda su gente a los nuevos territorios.
No cabe la menor duda que, en general, los conquistadores no eran nobles sino gente del pueblo, y por supuesto su ambición era enriquecerse, pero si analizamos fríamente las diferencias entre los conquistadores, veremos que hay muchos que huían de 800 años de guerra y persecución.
El apellido del padre de Pedro de Valdivia era Melo, y por muy hidalgo que él fuera no podía olvidar que ese apellido estaba en las listas de la Inquisición. Por algo el adoptó el nombre de su madre “de Valdivia”.
¿Cuánto tiempo tardaría en que fuese puesta a prueba su fe?
Fray Antonio de Marchena, sacerdote y astrónomo, amigo de Colom, no pudo impedir que su hermano muriese en la hoguera por hereje.
Al principio de la Historia de Chile de Francisco Encina, se narra como este hombre, Pedro de Valdivia, viene a una tierra en la que no hay riquezas, es muy parecida a la tierra que dejó atrás y además con habitantes duros de combatir e indomables.
Sin embargo esta perspectiva no amilanó al extremeño y salió del Cuzco huyendo de los desmanes e intrigas de la corte de los Pizarro en búsqueda de una paz solariega sin tantas ambiciones aunque para ello tuviera que arriesgar su vida.
Ante este cuadro yo veo a Pedro de Valdivia más como colono que como conquistador, que nunca lo fue y murió en su empeño.
Podemos apreciar la lucha de los colonos americanos del norte, pero para Pedro de Valdivia es más fácil colocarle el común denominador del conquistador sanguinario dominado por la ambición.
La llegada a estas tierras de la Nueva Extremadura (y nunca del Nuevo Extremo) de un puñado de colonizadores con ánimo de ser eso, colonos, encontramos el primer entramado sobre el que se va a asentar la primera cultura ibero – chilena, pues los que aquí vinieron, lo hicieron para quedarse, vivos o muertos (por la razón o la fuerza).
Los comienzos no fueron fáciles puesto que los pocos peninsulares que enclavaron los primeros emplazamientos en 1541, no dejaron de luchar con las tribus locales que con poca gana veían, no solamente que eran despojados de sus tierras, sino que eran sometidos a costumbres y ritos a los cuales no estaban acostumbrados.
Además de esto no había muchas mujeres que acompañaran a los colonizadores por lo que esto dio lugar al mestizaje, a un mestizaje temprano.
Según un estudio estadístico de la U. de Chile, identifican 2691 conquistadores de los cuales el 32% tienen filiación de origen exacto.
De igual manera el estudio contempla un número de 165 mujeres españolas llegadas desde el primer asentamiento hasta 1570.
No es la colonización de América del Norte en la que los ingleses llegan con toda la familia en busca de tierras dónde asentarse. Son hombres simples y comunes que después de dejar la sangre en la lucha por la tierra regresan a sus hogares formados con mujeres aborígenes.
Los nuevos colonizadores deberían crear una sociedad organizada por su propia cultura de colonos agricultores, arbitrada por el clero, en la que el mestizo debería ir adoptando, poco a poco, la identidad cultural del padre recién llegado.
Las batallas entre choques de culturas, a través de la historia, no siempre han seguido el camino paralelo de las terrenales. El resultado en estas tierras fue, como lo fue en toda América, el de un criollo acrisolando dos culturas totalmente diferentes. El sincretismo de esta mezcla es lo que mantiene viva y hace única la identidad chilena.
Si estudiamos el carácter chileno, podemos apreciar muchos rasgos culturales de los aborígenes en el pueblo sin importar cuando sus progenitores llegaron al país.
Esta gran influencia proviene de la mujer aborigen que es la que al fin y al cabo cría a los hijos e imparte las primeras semillas de cultura que florecerán más adelante en la vida.
En épocas más avanzadas, siglos XVIII y XIX, en la que los hijos de los blancos son abandonados a la tutoría de las nodrizas aborígenes creando así un fenómeno cultural existente a través de toda ibero América e inexistente en los Estados Unidos.
Creo fue Humberto Maturana quien dijo que el hombre es una consecuencia de su historia, su biología y su lenguaje, pues bien, es mi impresión que, en este caso en particular, la variante historia es un factor determinante en el carácter, identidad y cultura del chileno.
Analizar estos contrastes, que por su profundidad se escapan a mi alcance, creo que sería más propicio para llegar a determinar el carácter del chileno. Más tarde podemos hacerlo filtrar por los acontecimientos históricos que hablamos al principio para finalmente poder extrapolar y especular acerca de lo que el futuro depara a la identidad y cultura chilenas globalizadas.
Yo, como extranjero, solamente puedo hacer preguntas:
¿Por qué el chileno no sabe decir que no?
¿Por qué en Chile el concepto de la honestidad se enmarca al lado de las teorías de Einstein?
¿Por qué el concepto del tiempo queda diluido en un disparo, sin ningún significado?
¿De dónde proviene esta matrística?
¿Por qué el chileno educado tiene gran facilidad para destacar en el extranjero?
¿Cómo catalogaríamos a la mujer chilena comparándola con la del resto de los países sudamericanos y europea?
¿Por qué el chileno cuando sale al extranjero siempre se agrupa con chilenos (patota)?
¿Por qué, siendo un país con tan pocos habitantes, cuenta con uno o varios chilenos en cualquier país del mundo (patiperro)?
Etc. Etc.
CONCLUSIÓN
Los primeros conquistadores o colonos llegados a Chile, no fueron españoles, sino pobladores de la península Ibérica. Probablemente aquél primer visitante se parezca más al chileno de hoy que al español de hoy.
El carácter de Chile se formó en forma paralela e independiente del español, tomando matices de cada una de las culturas de los pueblos que lo forman, quizá lo único que tenga en común sea el idioma.
No me atrevo a contestar las preguntas que hago antes de la conclusión, por temor a equivocarme, pero estoy seguro que si las meditan ustedes pueden sacar muchas más consecuencias que yo; y, con toda seguridad, más ricas.
Por otro lado tenemos que darnos cuenta, que estas diferencias, estos matices, este carácter del chileno extrapoladas al mundo globalizado, van a ser sumamente provechosas para el país.
Este carácter ya ha sido probado y el chileno educado o adaptable al mundo extranjero es sumamente exitoso fuera de Chile.
Ahora le toca a los gobernantes dejar de mirar hacia adentro y poder apreciar lo que tienen y hacer brillar ese oro que se forjó de la mezcla de culturas y sangres españolas y europeas con las aborígenes.
Y el primero y único paso a dar es: la educación.
Eloy García Calleja
sábado, diciembre 16, 2006
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