Antaño, las empresas modernas creaban las necesidades.Así fue cómo el mundo fue cambiando a velocidad meteórica en los últimos 50 años.
Si nos detenemos a pensar cómo sucedió todo, quizá podamos darnos cuenta del origen de este “progreso” o rápida evolución en nuestras vidas.
A mi modo de ver todo parte con la información.
La necesidad del individuo de ser informado es lo que motiva al resto de sus acciones.
El individuo se desplaza en función de la información que posee.
Con la segunda guerra mundial, la información crece en medidas impensables, principalmente debido a la necesidad de ella por los combatientes para definir, dónde, cómo y cuándo asestarían el próximo golpe.
Si bien ya existía, acabada la guerra, la radio AM se masifica y ahora todos sabemos todo lo que ocurre; si llegaba la onda, ¡claro!
Las empresas que habían dedicado todo su ingenio en fabricar el material de guerra en condiciones precarias, con su enorme potencial, se las ingenian ahora para comenzar a fabricar herramientas para el hogar.
Se montan sobre el canal de la información para dar la noticia de sus productos.
Explotan los canales de la información con la masificación de la televisión y cada vez más productos inundan un mercado lleno de clientes que “necesitaban” poseerlos.
El canal de la información se dedicaba a crear las necesidades de las personas.
¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado rodeados de productos que no sirven para nada?
Pero claro, en el momento de su compra, picados por el bichito de la necesidad, todos teníamos la respuesta.
Después de esto, comenzamos a limpiar nuestras casas y aprendimos a ser selectivos.
Aprendimos a leer los anuncios, a entenderlos y discriminar, a considerar la calidad y sobre todo la utilidad.
Hemos llegado al punto en que ya las empresas no pueden crearnos más necesidades.
Antes la empresa era el rey y manejaba a sus clientes.
Eso ya ha terminado.
Ahora existen tantas ofertas y oportunidades, por un lado y por el otro, el cliente está tan bien informado, que solamente unas pocas empresas de la alta tecnología son capaces de crear necesidades.
Ya no hay más nuevos mercados.
Ahora las empresas tienen que cultivar los nichos que poseen y peleárselos con las empresas que en su mismo rubro compiten.
Estamos ya en la era del CLIENTE.
Ambos tenemos que estar consciente de ello.
Las empresas que cultivan al cliente surgen, las que no se hunden.
No hace mucho hablamos de la nueva Norma Chilena NCh2909.

Si ustedes la estudian verán que su proceso parte por el cliente y termina con la retroalimentación del cliente.
Es decir, la empresa moderna parte con su proceso, en las necesidades del cliente, y después de haber llevado a cabo el proceso para lo que fue diseñada, termina con la evaluación que el cliente dio a su proceso.
Esto es lo que ha traído el poder de la información.
Esta es la razón por la que este periódico solamente puede crecer y lo hará en la medida que nosotros mismos nos hagamos cargo de este paradigma.


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