Meditando acerca de los puntos que el grupo Countdown 2010 propone para mejorar la biodiversidad en el mundo, me puse a pensar en el punto nº 8 que decía “Beber vino embotellado solamente con tapones de corcho”.No hace mucho un ingeniero agrónomo, profesor de una universidad local, me pidió diera una charla a sus estudiantes, sobre el corcho.
Aunque hijo de corcheros, mis intereses siempre se alejaron
de los de mi familia, hacia la ingeniería y la informática; sin embargo, sentí el deber de romper una lanza en honor al corcho y me puse a investigar.
Por un lado descubrí que el gobierno chileno está interesado en promover la plantación de alcornocales y que algunas plantaciones ya se están llevando a cabo. Pueden leer esto en la revista de Tattersall, El alcornoque: Las perspectivas de producir corcho chileno.
Y ¿qué duda cabe?, Chile tiene clima mediterráneo, el alcornoque pide poca agua y no le importa la calidad del suelo y de eso hay harto en Chile.
Perfectamente el alcornoque podría ayudar a luchar contra la desertificación que poco a poco avanza hacia el sur.
Luego me puse a pensar sobre la pelea que ha habido en el triángulo amoroso del vino con el tapón de corcho y el de plástico.
Y digo ha habido, porque ya el vino, aunque aún no el chileno, ha aprendido a distinguir lo que le viene bien y lo que no; el tapón de plástico ha sido un amor pasajero que logró conquistar su corazón a través de mentiras.
La primera fue el sabor a corcho y los haloanisoles (TCA).
Esa mentira quedó ya demostrada y nadie le achaca más al corcho estos malos sabores, sino a la limpieza y cuidado en todo el proceso de embotellamiento, ya que la contaminación, puede venir de cualquier lado incluyendo los tapones de plástico.
Pero como los que incitaban a la mentira tenían padrinos poderosos (la industria petroquímica), trataron de ganarle de nuevo el corazón a la pobre botella de vino diciendo que era un asunto de economía, puesto que ¿para qué quería perder ella el tiempo con un tapón tan presuntuoso y caro como era el de corcho, cuando él la cuidaría igual por mucho menos?
Y aquí, me puse a investigar.
Premisas aceptadas:
- El vino es un elemento vivo que tiene un proceso de mejoramiento y decaimiento, durante su tiempo de vida.
- El tapón de corcho permite este proceso.
- El tapón de plástico detiene ese proceso.
Este último ganaba al de corcho en dos campos, en el que:
- Como el vino nuevo se consume en el año, no importa el tapón que se le ponga.
- El tapón de plástico es más barato que el de corcho.
Así pues, me concentré en estos dos puntos.
El Consejo Regulador de Navarra publicó un libro llamado “Lo que hay que saber sobre el vino” de José Sauleda. En él habla que, una vez fermentado el vino, tiene dos destinos: Los barriles de roble para los vinos de crianza, reserva y gran reserva y el envase o embotellado para el vino joven del año.
Nos da una tabla que muestra cómo la calidad del vino aumenta con el tiempo en botella, sellado con tapón de corcho.
Para mi sorpresa muestra una curva del vino joven que interpreta de la siguiente manera:Corresponde a un vino joven, que mejora rápidamente a). Su color es, en el caso de los tintos, rojo cereza y algo amoratado. Su sabor, astringente. Pronto estará en optimas condiciones para ser bebido (A) tomando tonos morado y púrpuras. Los taninos, que le habían dado aquella astringencia van desapareciendo, presentándose con un aroma fuerte y agradable Rápidamente a los pocos meses, va perdiendo sus cualidades (B) adquiriendo tonalidades, rojo cereza hasta que pierde brillantez, viveza y muchos de sus aromas (b).
Es decir, que si al vino joven lo embotellamos con tapón de corcho su calidad aumentará considerablemente en un año y medio o dos años.
Entonces ¿por qué no lo embotellan con tapón de corcho en lugar de tapón de plástico?
La contestación es viene pronta: Porque el tapón de corcho es mucho más caro.
Investiguemos…
Los tapones de corcho tienen muchas clases y todas ellas dependen del fabricante y los precios que haya querido pagar el fabricante de vinos.
Un buen tapón de corcho cuesta en España entre $250 y $300 pesos chilenos.
Los tapones de plástico cuestan alrededor de $70 pesos.
Bastante diferencia, en efecto.
Pero no es necesario poner un tapón bueno a un vino que no va a durar más de 3 a 4 años, entonces, ¿por qué no le ponen un tapón de tercera clase?
Nadie contesta.
Vuelvo a preguntar ¿Cuánto cuesta un tapón de tercera clase?
$70 pesos.
Es decir que por el mismo precio, por razón desconocida, se le está deteniendo su proceso de vida al vino colocándole un tapón de plástico, en detrimento de una calidad que puede ser saboreada por el consumidor.
Espero estar equivocado pues, de ser cierto lo que he descubierto, parecería que los fabricantes de vino embotellan estos vinos para los que no aprecian la calidad y solamente beben para emborracharse.
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Este es el PP sobre el que hablé en la charla...
El tapón de corcho en la calidad del vino
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